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Como fue desarrollado al comienzo del artículo, todos
los derechos humanos nacen de la libertad del hombre y son obtenidos
por el cumplimiento de las obligaciones dentro de la sociedad así
como también dentro de una organización política.
Una sociedad que confiere más derechos a sus miembros debe
considerársela más libre que aquellas que, u otorgan
derechos limitados solamente o bien no aseguran que ellos sean observados.
En los Estados modernos, aquellos que reclaman ser abiertos y libres
cercenan los derechos legítimos de una u otra manera, y los
que están basados en la soberanía de la clase trabajadora
privan a las otras clases de los derechos humanos. Además,
el último, a través del adoctrinamiento y la regulación
de pensamiento, transforma en máquinas a los seres humanos.
La tecnocracia y la burocracia de las sociedades modernas, tanto
la capitalista como la socialista, se ocupan del aspecto material
del hombre y, consecuentemente, deshumanizan todas las relaciones
sociales y humanas. El Islam, por otra parte, asegura el cumplimiento
tanto de las aspiraciones materiales como espirituales del hombre
al conceder los mismos derechos a todos los sectores de la sociedad
y al asegurar su ejecución e instauración por parte
del Estado. De este modo el Islam acepta la libertad inherente del
hombre y su completa utilización y desarrollo, y organiza
su superestructura socio-política como corresponde. La concepción
Islámica de los derechos humanos y su firme cumplimiento
asegura una mayor libertad a todos los sectores de la humanidad
que aquella conferida en cualquier otro sistema.
Si estudiamos las opiniones de los líderes espirituales del
Islam, veremos cómo ellos desaprobaron todos los actos de
injusticia y rechazaron todas las formulaciones que procuraron privar
al hombre de su libertad.
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