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La Segunda Recopilación – Período de Gobierno de Abū Bakr.

            Después de que los responsables del gobierno no aceptaron el Mus·haf de ‘Alī, rechazándolo negligentemente, ahora debían ellos mismos encargarse de realizar este asunto importante y reunir el Corán, enzarzándose en todas las dificultades que ello implicaba, especialmente desde que la gente sentía la necesidad de que el Corán fuera compilado en un solo lugar, y no habían olvidado la exhortación del Profeta (BP) sobre que debían recopilarlo para que no fuera adulterado o cambiado, como había sucedido con la Torá. Además no era lógico que el Corán, que es la principal referencia de la legislación islámica y la base sobre la cual se construye la vida social en la totalidad de sus diferentes asuntos, permaneciera esparcido así, sobre piezas de madera y huesos, y memorizado por la gente, sobre todo que tras un año y pico del fallecimiento del Profeta (BP) acaeció la guerra de Iamāmah, donde murieron setenta -y según otras narraciones, cuatrocientos- memorizadores de Corán.

El Califa, por temor a la posibilidad de que se sucedieran otras guerras para los musulmanes, y que muriera así el resto de los memorizadores, y por efecto de desaparecer los portadores del Corán, desapareciera el mismo Corán, cayó en la cuenta de recopilar las suras y aleyas coránicas en un volumen o Mus·haf [1] .

       La guerra de Ia­māmah fue uno de los más importantes sucesos acaecidos durante el Cali­fato de Abū Bakr. Musailamah “el Menti­roso”, que en el año no­veno de la hégira, había llegado desde Iamāmah para presentarse ante el Enviado de Dios (BP) junto a un grupo que lo acompañaba, a su regreso cayó en la apostasía, y en una carta alegó su parti­cipación en la Profecía, por lo que el Profeta lo apodó como Musailamah “el Mentiroso” (Al-Kadhdhāb).

 

     En el mes de Rabī‘-ul Awual del año doce de la hégira, correspondiente al comienzo del segundo año del califato de Abū Bakr, éste envió un ejér­cito bajo el mando de Jālid ibn Walīd para lu­char contra Musailamah.

     El ejército de Jālid es­taba conformado por 4500 personas, quie­nes se enfrentaron en una cruda lucha contra 40000 com­batientes liderados por Musailamah. Final­mente Musailamah mu­rió, obte­niéndose así la victoria, pero este triunfo costó la vida de alrededor de 1700 musulmanes, entre los cuales había 450 o 700, o por lo menos 70 Com­pañeros memoriza­dores del Corán [2] .

            Después de este incidente, ‘Umar, que estaba preocupado por el posible advenimiento de un suceso similar, sugirió al primer Califa la recopilación del Corán. Fue de este modo que Abū Bakr, aceptando este consejo, comisionó a Zaid ibn Zābit el llevar a cabo dicha recopilación.

            Una de las narraciones más famosas que nos explica este suceso es la del mismo Zaid ibn Zābit, que Bujārī transmitió en su Sahīh y en la cual se documentan todos los escritores de Ciencias Coránicas:

“Tras la guerra de Iamāmah, Abū Bakr requirió mi presencia. Cuando me presenté ante Abū Bakr, ‘Umar se encontraba con él. Abū Bakr me dijo: ‘Umar me dijo que: “La guerra de Iamāmah dejó como saldo muchos muertos de entre los lectores y memorizadores de Corán, y se teme que por efecto de otras guerras sean martirizados más lectores desapareciendo así una parte importante del Corán. Sería bueno que ordenes que el Corán sea recopilado”. Yo le dije a ‘Umar: “¿Cómo quieres hacer algo que el mismo Enviado de Dios (BP) no hizo?”. Él respondió: “Juro por Dios que esta labor contiene provecho”. Desde aquel momento comenzó constantemente a venir hacia mí (hacia Abū Bakr), hasta que Dios, respecto a este asunto, me infundió tranquilidad de corazón, y en relación a esto comencé a pensar igual que ‘Umar.

Zaid dice: “Tras referirme esto, Abū Bakr me dijo: “Tú eres joven, inteligente e inspiras confianza, y eras tú el que escribía la revelación para el Profeta, entonces dedícate a la recopilación del Corán”. (Zaid:) “Juro por Dios que si me hubieran ordenado levantar una montaña de su lugar, no hubiera sido más pesada que cumplir con esta labor”. Les dije: “¿Cómo pretendéis hacer algo que el mismo Profeta (BP) no hizo?”. Abū Bakr dijo: “Juro por Dios que hay provecho en ello”. Y me insistió repetidas veces hasta que Dios me infundió esa misma tranquilidad que le dio a Abū Bakr y a ‘Umar. Entonces me dediqué a la investigación e indagación del Corán y recopilé el Corán de los escritos que se encontraban sobre hojas de palmeras datileras y delgadas piedras y de lo que se había dado lugar en los pechos de la gente…” [3]

 

El metodo utilizado por Zaid para compilar el Coran:

Zaid, utilizando las piezas de madera, piedra, cuero y pergamino sobre los que había sido escrito el Corán, y que se encontraban dispersos en manos de los Compañeros, y aprovechándose de los memorizadores, compiló el Corán, asistiéndole en este trabajo, un grupo de Compañeros.

Según lo transmitido por Al-Ia‘qūbī se formó una comitiva constituida por 25 personas de entre los Ansār, bajo la fiscalización de Abū Bakr, para que ayudaran a Zaid en este asunto [4] . Este comité se reunía todos los días en la Mezquita y todas las personas que tenían en posesión una aleya o una sura del Corán, se presentaban ante el comité, no aceptándose nada de nadie como perteneciente al Corán, a menos que presentara dos testigos que testificaran que aquello que se encontraba en su posesión era Corán. Solo aceptaron de Juzaimah ibn Zābit las dos últimas aleyas de la Sūrah Al-Barā’ah sin que presentara testigo alguno puesto que el Profeta (BP) había aceptado su testimonio, por sí solo, como equivalente al de dos testigos [5] .

            De esta manera, Zaid reunió el Corán en unas páginas, disponiendo las aleyas y suras en varias de ellas, para colocarlas luego a todas juntas en un cofre a fin de que no estuvieran dispersadas y no desaparecieran, y es por ello que no se lo considera un Mus·haf (volumen) [6] .

            Al-Muhāsibī dice: “El Corán estaba esparcido en piezas de madera y huesos. Abū Bakr ordenó que se las reuniera en un solo lugar, y en realidad reunieron las piezas dispersadas y las ataron con una cuerda  para que no se perdiera nada de ellas” [7] .

            Ibn Hayar dijo: “La diferencia que existe entre las páginas (Suhuf) que recopiló Zaid con el Mus·haf, es que las Suhuf son solo láminas en las que el Corán había sido compilado en épocas de Abū Bakr y que estaban comprendidas por las suras del Corán, en forma dispersada, de forma que las aleyas de cada sura estaban en orden pero no así las suras, las cuales no estaban clasificadas en el orden que están ahora, y después de que las suras, una tras otra, fueron clasificadas, tomó la forma de un Mus·haf” [8] .

            Ahmad Amīn dijo: “En épocas de Abū Bakr se realizó la compilación del Corán, pero no en un solo Mus·haf, sino en diversas páginas en las que se encontraban las aleyas y suras. Y estas diversas páginas que contenían el Corán fueron confiadas a Abū Bakr” [9] .

            Zarqānī dijo: “Las páginas (suhuf) de Abū Bakr estaban en orden de aleyas (dentro de cada sura), no en orden de suras” [10] .

            Estas páginas fueron confiadas a Abū Bakr y hasta el final de su vida estuvieron con él, para ponerlas luego a disposición de ‘Umar, legándoselas éste a su hija Hafsah. En el momento de “la unificación de los Masāhif” (Tawhīd Al-Masāhif), ‘Uzmān se las pidió prestadas para compararlas con otra copia, devolviéndoselas luego a Hafsah. Cuando Hafsah falleció, Marwān, que era el gobernador en Medina por orden de Mu‘awiah, las tomó del heredero de Hafsah y las rompió [11] .


Los Masāhif de los Companeros:

            Durante el período posterior al fallecimiento del Profeta hasta principios del Califato de ‘Uzmān, además de la recopilación que hiciera Imam ‘Alī, que era el más sabio de todos, por voluntad personal y orden del Profeta, y de la que hiciera Zaid ibn Zābit a pedido de Abū Bakr, es decir, en forma oficial, otros grupos de Compañeros que habían llegado a una alta posición en lo que se refiere a la lectura del Corán, también procedieron a recopilar el Corán por cuenta propia, y los Mus·haf de aquéllos que gozaban de una situación especial, rápidamente fueron objeto de la atención de los musulmanes, según la posición personal del lector y el lugar en que cada uno de éstos se encontraba. Es así que la gente de cada región leía un Mus·haf ordenado en forma diferente.

            Ibn Azīr, transmitió que hasta el año 30 de la Hégira, circulaban cuatro Mus·haf en los cuatro rincones de los territorios islámicos: el de Ubai en Damasco, el de Ibn Mas‘ūd en Kūfah, el de Abū Mūsa en Basora, y el de Miqdād en Hums [12] .

            Es así que los habitantes de Damasco leían el Corán según el Mus·haf de Ubai ibn Ka‘b, los kufíes según el de ‘Abd-ul·lah ibn Mas‘ūd, la gente de Basora según el de Abū Mūsa… Cada vez que surgían diferencias en la lectura del Corán, la gente de cada región se refería a la lectura de su Mus·haf reconocido perteneciente a cada uno de estos Compañeros.

 

            Aunque cada uno de los Masāhif de los Compañeros contaba con ciertas particularidades, el orden de las suras en dichos Masāhif en forma general, era de la siguiente manera:

1. Primero las siete suras más largas del Corán (As-Sab‘u At-Tual), es decir: Al-Baqarah, Âal ‘Imrān, An-Nisā’, Al-A‘rāf, Al-An‘ām, Al-Mā’idah y Iūnus, en este mismo orden.

2. Las suras que tienen 100 aleyas o más (Al-Mi’ūn), que son alrededor de 12 suras.

3. Las suras cuyo número de aleyas son menos que 100 (Al-Mazānī) [13] , que son alrededor de 20 suras.

4. Las suras que comienzan con las letras aisladas “Hā Mīm” (Al-Hauāmīm), que son 7 suras.

5. Las suras Al-Mumtahināt, que son: Al-Fath, Al-Hadīd, Al-Hashr, As-Saydah, Qāf, At-Talāq, Al-Qalam, Al-Huyurāt, Al-Mulk, At-Tagābun, Al-Munāfiqūn, Al-Yumu‘ah, As-Saf, Al-Yin, An-Nūh, Al-Muyādalah, Al-Mumtahinah y At-Tahrīm, y que se encuentran después de las Hauāmīm.

6. La sura Ar-Rahmān, hasta el final del Corán (Al-Mufassalāt) [14] .

Esta es una descripción general de todos los Masāhif de los Compañeros, y el que más se asemeja a este orden es el Mus·haf de Ibn Mas‘ūd. En el resto de los Masāhif, algunas suras, desde el aspecto de precedencia y posterioridad, presentan ciertas diferencias entre unos y otros.

A continuación mencionaremos algunas particularidades de solo dos de estos Mus·haf: el de ‘Abd-ul·lah ibn Mas‘ūd y el de Ubai ibn Ka‘b.

Particularidades del Mus·haf de ‘Abd-ul·lah ibn Mas‘ūd:

            1. Su Mus·haf carecía de la Sura Al-Fātihah. La razón por la cual Ibn Mas‘ūd no la registró en su Mus·haf no fue que él creyera que esta sura no formaba parte del Corán, sino que, o se debió a que lo que se pretendía con la recopilación del Corán era que éste fuera preservado y no se perdiera, por lo que este asunto en relación a la Sura Al-Fātihah o Al-Hamd se concretaba sin necesidad de registrársela en el Mus·haf, ya que es recitada por los musulmanes en cada oración -cada día diez veces o más-, o se debió a que Ibn Mas‘ūd, tomando en cuenta la aleya: «Y te hemos otorgado siete de las aleyas (sab‘un minal Mazānī) [15] y el majestuoso Corán», consideraba a la Sura Fātihat-ul Kitāb como equivalente a todo el Corán.

            2. Su Mus·haf no tenía las suras Ma‘ūdhatain (esto es, An-Nās y Al-Falaq). Ibn Mas‘ūd creía que estas dos suras eran súplicas para protección, que se utilizan para repeler la brujería o el mal de ojo. Se transmitió en las narraciones que el Profeta se refugiaba en estas dos suras de la brujería de los judíos y decía: No hay nada mejor para el refugio e intercesión divina que (las suras) «Qul a‘ūdhu birabb il-Falaq…» (Di: Me amparo en el Señor de la alborada…), y «Qul a‘ūdhu birabb in-Nās…» (Di: Me amparo en el Señor de la gente…) [16] .

            3. Su Mus·haf difería en muchas aleyas con el actual texto conocido, y esto se debía a que Ibn Mas‘ūd cambiaba algunas palabras por sus sinónimos para que se entendieran mejor. El autor de “At-Tamhīd” opina que estas diferencias solo se observaban en el momento de la recitación, ya que lo que se registraba como aleya coránica solo eran las palabras reveladas.

4. En muchos casos introducía agregados a las aleyas a modo de exégesis o explicación de las mismas, que seguidamente mencionamos algunas de ellas dentro de los paréntesis:

 فَبَعَثَ اللّهُ النَّبِيِّين( فاختلفوا ) كَانَ النَّاسُ أُمَّةً وَاحِدَةً 

 

«La humanidad constituía una sola comunidad (y se dividieron). Entonces Dios envió a los profetas…» [17]

 

 وَأَزْوَاجُهُ أُمَّهَاتُهُمْ( و هو أب لهم ) النَّبِيُّ أَوْلَى بِالْمُؤْمِنِينَ مِنْ أَنفُسِهِمْ 

«El Profeta tiene más prioridad sobre los creyentes que ellos mismos, (y es su padre), y sus esposas son las madres de aquéllos…» [18]

 فَضَحِكَتْ( و هو قاعد ) وَامْرَأَتُهُ قَآئِمَةٌ 

 

«Y su mujer que se encontraba de pié (siendo que él estaba sentado) se echó a reír» [19]


Particularidades del Mus·haf de Ubai ibn Ka‘b:

            1. El Mus·haf de Ubai ibn Ka‘b tenía 115 suras. Mencionó las dos suras Al-Fīl y Quraish como una sola [20] , añadiendo dos súplicas (du‘ā) que se leen en el qunūt, a título de suras, a las que llamaba Jal‘ y Hafd.

            2. Su Mus·haf comenzaba con la Sura Al-Fātihah o Al-Hamd y finalizaba con las Ma‘ūdhatain (Al-Falaq y An-Nās), y en ello no se diferenciaba con el actual Mus·haf [21] .

            3. En la ordenación de las suras Tual, la sura Iūnus estaba ubicada antes que la sura Al-Anfāl.

            4. Su Mus·haf, al igual que el de ‘Abd-ul·lah ibn Mas‘ūd difería en ciertos casos con el Mus·haf actual. Como ejemplo:

            En la aleya que dice: كُلَّمَآ أَضَآءَ لَهُمْ مَشَوْا فِيهِ , «Cada vez que les ilumina caminan a su luz» [22] , el leía: …سعوا فيه… (se apresuran a su luz).

            Y en las siguientes aleyas agregaba palabras como explicación:

 

 فِي الْحَجِّ( متواليات ) فَصِيَامُ ثَلاَثَةِ أَيَّامٍ 

 

«Deberá realizar un ayuno de tres días (consecutivos) durante la peregrinación». [23]

 

 فَاَتُوهُنَّ اُجُورَهُنَّ( إلى أجل مسمّى ) فَمَا اسْتَمْتَعْتُمْ بِهِ مِنْهُنَّ 

«En cuanto a aquéllas con las que os hayáis desposado en Mut‘ah (por un tiempo determinado), otorgadles sus dotes». [24]


[1] Qor’ān dar Islam, p. 130.

[2] Ver: Doctor Rāmiār, Ta’rīj-e Qor’ān, pp. 300-301.

[3] Sahīh Al-Bujārī, T. 6. Capítulo de la Recopilación del Corán, pp. 580-581; Al-Burhān, T. 1, p. 326; Al-Itqān, T. 1, p. 182; Manāhil-ul ‘Irfān, T. 1, p. 251; Al-Mizān, T. 12, p. 119; Al-Baiān, p. 258.

[4] Al-Mizān, T. 12, p. 118.

[5] Referirse a: Usud-ul Gābah, de Ibn Azīr, T. 2, p. 114.  Al-Masāhif, de As-Sayistānī, pp. 6-9.

La razón por la que Juzaimah fue llamado por el Enviado de Dios (BP) Dhush-Shahadatain (el Poseedor de los dos Testimonios) fue que, cierto día el Profeta (BP) había comprado de un beduino un buen caballo. A los hipócritas les dio envidia esto, por lo que incitaron al beduino para que anulara la transacción, diciéndole que si lo hacía le comprarían el caballo a un precio muchas veces mayor de lo que lo había vendido. El beduino cayó en la codicia, y cuando vio al Enviado de Dios (BP) alegó que no se había convenido la transacción al precio que él (BP) había pagado. El Profeta (BP) le dijo que el precio había sido ese mismo, pero el beduino continuó presionándolo hasta que Juzaimah, poniéndose de lado del Profeta (BP) dijo: “Atestiguo que la transacción fue convenida por ese mismo precio”. El beduino le reclamó que cuando ellos habían hecho la transacción no se encontraba nadie más allí. El Enviado de Dios (BP) también le preguntó a Juzaimah por qué atestiguaba tal cosa, a lo que Juzaimah le respondió: “¡Que mi madre y mi padre sean sacrificados por ti! Tú nos traes noticias de Dios y de los cielos y creemos lo que dices. ¿Es que acaso no creeré lo que dices sobre esta transacción?”. Desde aquel momento el Profeta (BP) aceptó su testimonio como equivalente al de dos hombres, llamándolo “Dhūsh-Shahadatain”. El imam As-Sandi dice en el comentario de Kitāb-ul Buiū‘ de Sunan An-Nisā’i, que el Profeta devolvió el caballo al beduino y el caballo murió esa misma noche.

[6] At-Tamhīd, T. 1, pp. 358-359 (traducción al persa).

[7] Tafsīr ibn Kazīr, T. 3, p. 261. Al-Burhān Zarkeshī, T. 2, p. 35. Al-Itqān, T. 2, p. 26.

[8] Al-Itqān, T. 1, p. 59.

[9] Fath-ul Bārī, T. 9, p. 16.

[10] Manāhil-ul ‘Irfān, T. 1, p. 254.

[11] Al-Qastalānī, Sharh Al-Bujārī, T. 7, p. 449.

[12] Doctor Rāmiār, Ta’rīj-e Qor’ān, p. 337.

[13]   Fueron llamadas Al-Mazānī porque la repetición de su lectura resulta mayor que las suras grandes.

[14] Fueron llamadas Mufassalāt debido a la cercanía y cantidad de las divisiones entre ellas.

[15] Sab‘-ul Mazānī es otro nombre de la Sura Al-Fātihah.

[16] At-Tamhīd, T. 1, p. 377 (traducción al persa), citando de Ad-Durr-ul Manzūr, T. 6, p. 316-417.

[17] Al-Baqarah; 2: 213.

[18] Al-Ahzāb; 33: 6.

[19] Hūd; 11: 71.

[20] Y es por ello que suprimió el encabezado: Bismil·lahi Ar-Rahmāni Ar-Rahīm entre las dos suras. Existen narraciones transmitidas por los Shi‘as que los Imames de Ahl-ul Bait (P) dijeron que estas dos constituyen una sola sura. Respecto a las suras Ad-Duhā y Al-Inshirāh también se transmitió que constituyen una sola sura, y la fatwā de los sabios shi‘as se basa en ello.  El Muhaqiq Al-Hil·lī dice: “Nuestros sabios transmitieron que Ad-Duhā y Al-Inshirāh constituyen una sola sura y asimismo Al-Fīl y Quraish, y contentarse con una de estas dos en cada uno de los ciclos del salat no está permitido…”. Ver: Yawāhir Al-Kalām fī Sharhi Sharāi‘ Al-Islām, T. 10, p. 20.

[21] Al-Itqān, T. 1, pp. 64-65.

[22] Al-Baqarah; 2: 25.

[23] Al-Baqarah; 2: 196.

[24] An-Nisā; 4: 24.

 
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